31.3.11

Referentes


Los referentes podrían ser, esas pequeñas obsesiones, o lugares de retorno, "las fuentes", los refugios.

A modo de introducción... Patti Smith, describe en su libro, "Éramos unos niños", en el que cuenta la historia de su relación con el fotógrafo Robert Muppelthorpe, la siguiente situación:

Cuando era pequeña, mi madre me llevaba de paseo por el parque Humboldt, junto a la orilla del río Prairie(…) El río desembocaba en una vasta laguna, y en su superficie presencié un milagro singular. Un largo cuello curvo se alzó de un vestido de plumas blancas.
“Cisne”, dijo mi madre, percibiendo mi emoción. El ave golpeteó el agua resplandeciente con sus grandes alas y alzó el vuelo.
La palabra en sí apenas dio fe de su grandeza ni transmitió la emoción que produjo. Su imagen me generó un deseo para el que no tenía palabras, un deseo de hablar del cisne, de decir algo acerca de su blancura, la naturaleza explosiva de su movimiento y la lentitud con que había batido las alas.
El cisne se fundió en el cielo. Me esforcé por hallar palabras que expresaran mi noción de él. “Cisne”, repetí, no enteramente satisfecha, y sentí un cosquilleo, un anhelo curioso, imperceptible para los transeúntes, mi madre, los árboles o las nubes…
Buscar los referentes puede ser, esa búsqueda de los instantes iluminación, o del momento en el que unas ganas inexplicables por nombrar lo innombrable desordenan la lógica de nuestros pensamientos.

 Las pistas, deben estar, seguramente, empezando por lo más cercano y llegando a los descubrimientos más recientes.  “presencié un milagro singular”, en los milagros propios, están, para mí algunos de los referentes…
La casa donde crecí, mi familia, es uno de mis primeros referentes. Uno de mis abuelos vino de Polonia a los 8 años escapándose del holocausto. Su hija, que viene a ser mi madre, tuvo que escaparse también, muchos años después, tras haber sido secuestrada, desaparecida y luego liberada, durante la dictadura militar. Cuando a los 16 años, y luego de preguntar a lo largo de muchos años y no obtener respuestas, me enteré de la historia de mi familia, mi cabeza dio un giro.
El silencio, el ocultamiento, y una historia prohibida, me llenaron de interrogantes, difíciles de responder. Cuántas palabras me faltaban.
Mis padres son arquitectos, crecí en una casa llena de cartones, maquetas y planos.
Mi viejo es además un enamorado de su profesión y un excelente dibujante, y haberme pasado la vida mirando su trazo, claramente orienta mi forma de ver.

 
 
Dibujos de mi viejo.

A los 4 años empecé a ir a un colegio francés, donde aprendí a hablar el idioma con unos libros ilustrados que venían con un casette que musicalizaba y contaba la historia. Me acuerdo de memoria de todas esas historias y canciones.

Como se me desordenan los referentes y su cronología, me voy a dar el permiso del desorden:
Una película-


Cuando temrino el cbc para Diseño Industrial, hago un viaje. En el verano del 2005, se organiza una retrospectiva de Diane Arbus en Barcelona, no la conocía, no conocía nada de ella, y entré a ver la muestra. Copias originales, cámaras, fotos grandes, otras más pequeñas. Las que más llaman mi atención son unas que no pertenecen a ninguna de las series más conocidas. Son una serie de autorretratos que se saca para mostrarle a su marido que está en la guerra la progresión de su embarazo. Y ahí se produje el hechizo, me enamoré, de eso que estaba viendo. La foto, me entristecía profundamente y a la vez, me atraía.


En ese viaje, pasé largas horas con un tío pintor, que me llevó a museos, a detenerme a observar la luz en los cuadros de Rembrandt, la transformación de Picasso hasta llegar al Guernica, la admirable e inolvidable serie negra de Goya (mi obsesión y admiración por esta obra, empieza en el momento en el que sé que el autor la pinta en las paredes de su estudio, deprimido por la guerra civil), las fotografías de Rodchenko, los cuadro de Lichenstein, las instalaciones de Richard Serra, Van gogh... e innumerables otros artistas, otras miradas....

De la serie negra. 1819-1823

Vuelvo, abandono Diseño Industrial después de dos meses de cursar...

Consigo un trabajo ad honorem como asistente de vestuario en teatro. Me empiezo a levantar a las 6 de la mañana para ir a 11 a comprar telas y materiales, y  los sábados comienzo, por-hacer-algo-con-mi-tiempo un curso de fotografía...
Me prestan una Pentax, pesada y tosca, pero amable... tardo poco en emocionarme, salen de todos lados, Cindy Sherman, Nan Goldin, Emmet Gowin, Sally Mann, y uno de mis preferidos Robert Frank, entre miles de fotógrafos...



Decido entrar a la carrera y encuentro un breve fragmento de un texto que me convence definitivamente:

Cine como sueño, cine como música. No hay arte que, como el cine, se dirija a través de nuestra conciencia diurna directamente a nuestros sentimientos, hasta lo más profundo de la oscuridad del alma. Un pequeño defecto del nervio óptico, un efecto traumático: veinticuatro fotogramas iluminados por segundo, entre ellos oscuridad, el nervio óptico no registra la oscuridad. Cuando yo, en la moviola, paso al película cuadro por cuadro diento todavíala vertiginosa sensación de magia de mi infancia: allí en al oscuridad dle armario ropero daba yo vueltas lentamente a la manivela pasando las imágenes una por una y veía así los cambios apenas perceptibles. Aceleraba: un movimiento.
Las sombras mudas o parlantes se dirigen sin rodeos hacia mis espacios más secretos. El olor a metal caliente, la temblorosa luz de las imágenes, el ruido de la cruz de malta, la manivela en la mano.


Ingmar bergman, La linterna mágica, p. 84.

Y entonces muchos más... pero sigo pronto, para que no sea demasiado aburrido...

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